Por un Área Metropolitana sustentable y resiliente
Por: Gonzalo Duque Escobar*
Manizales, ciudad que gracias a su tamaño moderado y geografía de montaña tiene un gran potencial de desarrollo sostenible mediante una transformación integral que la haga más resiliente, verde y ecológica, requiere consolidar cuatro fundamentos estratégicos: la adaptación al cambio climático, su carácter de ciudad verde, la implementación de un sistema integrado de transporte público y una economía circular solidaria.
A esto se suma el desafío de una planificación territorial a nivel metropolitano basada en el agua que priorice las cuencas de los ríos Chinchiná, Guacaica y Claro, resolviendo los conflictos de uso del suelo para proteger los bosques de niebla y el páramo como estrategia de adaptación al cambio climático, con el fin de garantizar el recurso hídrico, mitigar los riesgos socioambientales y la deforestación.
Respecto a la adaptación climática, puesto que la topografía andina y las altas precipitaciones hacen de la gestión del riesgo el pilar básico de la resiliencia, también urge recurrir a la bioingeniería para la estabilidad de laderas. Además, dado que contamos con el Sistema de Alerta Temprana (SAT), debemos fortalecer la red meteorológica local mediante monitoreo en tiempo real.
En la dimensión ecológica, si convertir la infraestructura de la conurbación en un tejido vivo mejora la calidad de vida, y los corredores de conectividad biológica hacen lo propio resolviendo la fragmentación de las áreas de interés ambiental e integrándolas al sistema de áreas protegidas y reservas naturales a nivel metropolitano, urgen soluciones verdes en la trama urbana para beneficiar la fauna silvestre y la avifauna.
Respecto a la estructura ecológica, para resolver la conectividad ecosistémica, el Área Metropolitana no solo debe articular los ecoparques urbanos con las reservas protectoras de la gran cuenca del río Chinchiná mediante corredores biológicos que resuelvan la fragmentación del hábitat, sino también renaturalizar las microcuencas de las quebradas urbanas y periurbanas e implementar pavimentos permeables, jardines de lluvia y biofiltros.
Asimismo, resulta fundamental exigir techos verdes y pavimentos permeables en nuevas construcciones para controlar la escorrentía superficial y recargar los acuíferos, así como dotar a la conurbación de espacio público de alta calidad, aumentando el indicador de metros cuadrados de zona verde efectiva por habitante y de cobertura vegetal, priorizando parques comunitarios e intervenciones tácticas en sectores con déficit de zonas verdes.
Dado que el transporte motorizado, con sus emisiones y como factor de congestión, representa un reto que invita al uso eficiente de la energía a nivel metropolitano, la apuesta por una movilidad sostenible pasa por fortalecer el sistema ampliando la red de cables aéreos como eje estructurante para vincular la Ciudadela del Norte con El Cable y Fundadores.
Y para la adaptación a la amenaza sísmica, el Área Metropolitana debe extender y legalizar la microzonificación sísmica de Manizales formulada desde 2002, consolidar el reforzamiento sismorresistente acorde con las características de los suelos y abrigar en esta cultura las viviendas urbanas y rurales, destinando suelo seguro con acceso a oportunidades laborales para las familias en zonas de riesgo no mitigable.
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*Profesor Especial de la Universidad Nacional de Colombia, Ingeniero Civil con estudios de posgrado en Geotecnia, Geofísica y Economía. Web: https://sites.google.com/unal.edu.co/godues1
Documento del Museo Interactivo Samoga de la U.N. de Colombia y de la SMP de Manizales; en: La Patria, Manizales, septiembre 7 de 2026.
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